Mantenimiento mes a mes · Sin permanencia
Mantenimiento web y de IA en Madrid: lo que se rompe no avisa.
Una web, una automatización o un agente no te escriben para decirte que han dejado de funcionar. Te enteras cuando un cliente te cuenta que te escribió y nadie le contestó, o no te enteras nunca. Vigilamos lo que tienes montado, arreglamos lo que se rompe sin presupuesto aparte y cada mes hacemos alguna mejora pequeña. Todo en remoto y sin permanencia: el mes que deje de compensarte, no lo renuevas.
El problema
Te enteras cuando pierdes la venta.
Nadie mira el formulario de contacto mientras funciona, y por eso nadie lo mira cuando deja de hacerlo: la página carga, el botón responde y los mensajes no llegan a ningún buzón. El flujo que pasa los pedidos a tu hoja se para un viernes por la tarde y el lunes falta el fin de semana entero. El certificado se renovaba solo hasta que alguien tocó el dominio, y ahora el navegador avisa a tus clientes de que tu web no es segura. La herramienta con la que habla tu agente cambia su forma de conectarse y el agente se queda sin contestar. Nada de esto sale en rojo en ninguna pantalla que mires. Sale en la venta que no entra.
Qué hacemos
Se vigila lo que tenía que pasar, no solo los errores
Muchos fallos no dejan rastro, porque lo que ha fallado es que no ha pasado nada: el flujo que no se disparó no escribe en ningún registro, y una comprobación en verde solo dice que no hubo errores, no que se hiciera el trabajo. Por eso se vigila el resultado: que lo que entra por el formulario llegue de verdad al buzón, que el flujo de cada hora haya corrido esta hora y que el agente siga contestando. Y se mira la cifra de tu negocio: si una semana entran cero contactos donde solían entrar varios, eso es una alarma aunque ningún sistema se haya quejado.
El aviso no viaja por el mismo cable que se ha roto
Si los avisos de fallo te llegan por WhatsApp y lo que se ha caído es la conexión con WhatsApp, no te llega ningún aviso, y el silencio se lee como que todo va bien. Así que el aviso sale por un canal distinto del que vigila. Y una alarma falsa no se deja sonando: en muchos sistemas de avisos, mientras un fallo sigue en rojo sin resolver, los siguientes del mismo tipo ya no suenan. Un falso positivo no cuesta un mensaje de más: cuesta días con el canal sordo. Las dos cosas las aprendimos en nuestra propia operación.
Nada se actualiza porque haya salido un botón
Las plataformas sacan versiones nuevas, y a veces una versión nueva deja de aceptar el complemento que ayer funcionaba. Por eso las versiones van fijadas: un reinicio rutinario no puede cambiar nada sin que alguien lo decida. Las actualizaciones se aplican a propósito, se comprueba que todo compila y arranca, y se suben por separado para poder deshacer una sin arrastrar las demás. Con los avisos de seguridad pasa lo mismo: una lista larga de alertas no mide el riesgo. Lo primero que se mira es lo que toca por donde entran datos de fuera, que en casi todas las webs es el formulario.
Lo que caduca avisa, pero a veces a un buzón que ya no existe
El dominio caduca en una fecha que se sabe desde el día en que se compró, y quien te lo vende avisa antes de que llegue. El aviso va al correo que se puso al registrarlo, que muchas veces es el de quien hizo la web hace años, el de alguien que ya no trabaja contigo o un buzón que se dio de baja. Un buzón que ya no existe no te avisa de nada: el aviso sale, no lo lee nadie, la renovación automática falla porque la tarjeta también caducó, y un día dejan de funcionar a la vez la web y el correo. Por eso, al empezar, se apunta de cada cosa que caduca dónde está contratada, a qué dirección avisa y con qué tarjeta se paga, y se cambia lo que apunte a alguien que ya no está.
Un resumen al mes, también cuando no se ha roto nada
Qué se ha roto y cómo se arregló, qué se ha cambiado y qué caduca en los próximos meses, como el dominio o la tarjeta con la que se paga. Si un mes no ha fallado nada, el resumen lo dice y dice qué se comprobó para saberlo, porque desde fuera no enterarse de nada y que no pase nada se parecen mucho.
La prueba
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Lo que nos preguntan
- ¿Qué cuenta como mejora pequeña y qué ya es un proyecto?
- La regla es si cabe dentro de lo que ya está montado. Cambiar textos y fotos, añadir una página con una plantilla que ya existe, un campo más en el formulario, una respuesta nueva en el agente o un aviso más en un flujo que ya corre: eso es mantenimiento, y cuántas caben al mes depende del plan que se cierre al empezar. Un flujo que no existía, conectar una herramienta nueva o rehacer una sección con diseño propio es un proyecto, con su precio cerrado como cualquier otro. Lo mismo con las averías: si un proveedor cambia su forma de conectarse, adaptarlo entra en la cuota; si cierra el servicio y hay que elegir otro, se habla antes de tocar nada.
- Si un mes se rompen más cosas, ¿pago más?
- No. La cuota va desde 99 €/mes más IVA y se fija al empezar según lo que haya que vigilar: una web con su formulario no pide lo mismo que una web con varios flujos y un agente contestando a clientes. Lo que se rompa después no la mueve. Si cobráramos por arreglo, cada avería sería negocio para nosotros, y quien te mantiene lo que tienes no debería ganar más cuando falla.
- ¿Se puede mantener una web en WordPress o hecha por otra agencia?
- Lo que construimos nosotros va en Next.js, y eso lo conocemos por dentro desde el primer día. Una web en WordPress o hecha por otro la miramos antes de decir que sí: qué complementos lleva y cuándo se actualizaron por última vez, quién tiene las contraseñas del alojamiento y del dominio, y si hay una copia de seguridad que alguien haya probado a restaurar alguna vez. Si está sana, se puede mantener. Si debajo hay un complemento abandonado del que depende la tienda entera, te lo decimos antes de la primera cuota, y entonces la conversación ya no es de mantenimiento.
- ¿Y si lo rompe alguien de mi equipo sin darse cuenta?
- Se arregla como cualquier otra avería, sin preguntar de quién fue. Pero conviene saber que muchas nacen dentro de la empresa, en un cambio normal que nadie relacionó con la web. Alguien cambia la contraseña de la cuenta de correo y con ella deja de valer la clave con la que la web enviaba los mensajes del formulario. Se va una persona, se da de baja su usuario y se apaga el flujo que se había conectado con su cuenta. Nadie ha hecho nada mal, y aun así los contactos dejan de llegar. Por eso te pedimos una sola cosa: un aviso antes de cambiar una contraseña, dar de baja a alguien o tocar el dominio. Si se comprueba en ese momento, no llega a ser una avería.
- ¿Entran también los ordenadores y el correo de la oficina?
- No. Se mantiene lo que está montado: la web, los flujos, los agentes y las conexiones entre ellos. Los ordenadores, la impresora, la red de la oficina o el buzón de cada persona son otro oficio, el del soporte informático, y no entran en la cuota. La frontera está donde lo nuestro toca lo tuyo: si el formulario deja de entregar en el buzón de ventas, eso lo arreglamos aunque el buzón no lo llevemos nosotros. Te lo decimos claro porque la palabra «mantenimiento» se usa para las dos cosas, y es mejor saberlo antes de empezar que el día que no arranca un portátil.
Lo que pagas con un mantenimiento no es cada arreglo: es que alguien mire lo que no avisa. Por eso la cuota no sube el mes en que se rompe algo, y por eso el resumen llega también el mes en que no se rompió nada.