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Diseño web · Despachos · Madrid

Diseño web para abogados en Madrid: nadie contrata un despacho por impulso.

Quien busca abogado llega en un mal momento: un despido, una herencia, una deuda. Abre tres webs, decide en un par de minutos cuál le da confianza y escribe a una sola. Lo que inclina esa decisión no es el diseño: es saber quién va a llevar su asunto y qué pasa con lo que acaba de contar.

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El problema

Nadie busca abogado. Busca abogado laboralista en Madrid.

La web del despacho mete laboral, penal, civil, familia y extranjería en una sola página de servicios, con un párrafo de cada cosa. Esa página no puede ganar ninguna de esas búsquedas porque no manda en ninguna. Y mientras tanto el que consulta no ve quién lleva su tema, no sabe si la primera llamada se paga y escribe desde un formulario que no dice qué se hace con lo que ha escrito.

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Qué hacemos

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Una página por cada área de práctica

Nadie escribe abogado a secas. Escribe lo que le ha pasado, y lo escribe como se dice fuera de un juzgado: me han echado sin carta, mi hermano no firma la herencia, me ha llegado una citación. Cada área va aparte porque son clientes distintos con relojes distintos: al del despido le corre un plazo desde el día siguiente y decide esa misma tarde, y el de la herencia lleva meses dándole vueltas. Y cada página tiene que llevar las dos maneras de nombrar el asunto, la de quien lo busca y la que acabará en el escrito.

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Quién firma cada asunto

El cliente no contrata a un despacho: contrata a la persona que le va a coger el teléfono. Cada área enlaza a la ficha del abogado que la lleva, con su colegio, su número de colegiado y el tipo de asuntos que trata. Sin fotos de archivo de mazos y balanzas: eso lo tiene todo el mundo y no dice nada de ti.

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El formulario pregunta lo justo, y es a propósito

Antes de escuchar nada tienes que poder mirar si el asunto es tuyo: si quien escribe es la parte contraria de un cliente, o te cuenta su versión y mañana el mismo pleito te entra por el otro lado, tienes un problema deontológico antes de haber cobrado un euro. Así que el formulario no dice cuéntanos tu caso: pide el área, contra quién va y un teléfono. El relato es la primera consulta, no un campo de texto. Y el aviso llega sin el motivo en el asunto del correo, para que no se lea entero en la pantalla de bloqueo del móvil.

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Medir sin espiar al que consulta

Analítica con consentimiento de verdad y sin píxeles de publicidad reconstruyendo quién estuvo leyendo la página de divorcios. Nada de grabación de sesión ni mapas de calor donde se cuentan cosas privadas, y nada de remarketing persiguiendo por internet a quien acaba de consultar un tema penal.

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Lo que la web de un despacho no puede decir

El Estatuto General de la Abogacía limita lo que se puede anunciar: no se prometen resultados, y para nombrar a un cliente o su asunto hace falta su permiso expreso. Por eso los casos van anonimizados y las reseñas se piden sin pedirle a nadie que cuente su problema en público. Esa línea se respeta al escribir, no cuando ya está publicado.

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La prueba

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Lo que nos preguntan

¿Merece la pena pelear por abogado en Madrid?
Es de las búsquedas más peleadas y de las que peor consulta traen: la escribe quien todavía no sabe qué le pasa, y arriba están los comparadores y las plataformas que captan la consulta y luego la reparten entre varios despachos. Se trabajan las búsquedas donde el problema ya tiene nombre: despido improcedente, herencia con un heredero que no firma, reclamar una cláusula. Ahí hay menos volumen y quien escribe ya sabe qué necesita.
¿Habéis hecho ya la web de algún despacho?
Todavía no, y no te voy a inventar uno. Lo que hay hecho está a la vista y lo puedes abrir: una zapatería de barrio migrada de WordPress a Next.js y una empresa de tours con web trilingüe y reservas, las dos con SEO técnico y medición desde el primer commit. Lo que cambia en un despacho es el contenido y el trato de los datos, no la forma de construir. Si prefieres a alguien con despachos en su cartera, es una razón legítima para no contratarme.
¿Qué pasa con lo que la gente cuenta en el formulario?
Que no es un dato de contacto. Por el formulario de un despacho entra una baja médica, un procedimiento penal o un divorcio, y eso el reglamento lo trata aparte del nombre y el teléfono. Va directo al buzón del despacho por correo y no se queda en ninguna base de datos nuestra ni en una hoja de cálculo compartida. Dos cosas que casi nadie mira: dónde está alojado ese buzón, porque el secreto profesional no distingue entre un cajón del despacho y un servidor de otro continente, y quién del despacho lo abre, porque esa información nace bajo secreto desde la primera consulta aunque nunca haya encargo ni minuta. Si llevamos el mantenimiento se firma el encargo de tratamiento, que a ti no hay que explicártelo.
¿Los textos de cada área los tengo que escribir yo?
Los escribes conmigo. La entrevista de cada área son las preguntas que ya repites en toda primera consulta y las respuestas que ya das de memoria. Mi parte es dejarlas escritas en las dos lenguas del asunto: la de quien busca, me han echado sin motivo, y la del procedimiento, despido improcedente. La página tiene que aparecer con una y sostenerse con la otra. Y lo revisa el colegiado que lleva la materia, no por cortesía: la web de un despacho es publicidad de la que responde ante su colegio.
¿Cuántas áreas de práctica conviene publicar?
Las que puedas coger tú. Una página de extranjería o de reclamaciones pequeñas suena todos los días, y buena parte de lo que entra son trámites que no vas a facturar: si no hay nadie en el despacho para atender eso, no es visibilidad, es el teléfono sonando. Y publicar un área que en realidad derivas a un compañero de fuera se nota en la primera llamada, porque el cliente ha escrito para que se la lleves tú. Publicar poco no es parecer pequeño: es que cuando entre la consulta la coja quien la firma.

A un despacho no se le pide presupuesto: se le cuenta algo que en casa todavía no se sabe. La web decide una sola cosa, si esa persona escribe o cierra la pestaña.